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Mundial 2026: el torneo más grande de la historia reúne a 48 selecciones en tres países anfitriones

Por primera vez, la Copa del Mundo amplía su formato a 48 equipos y se disputará entre Estados Unidos, Canadá y México durante cinco semanas de competición ininterrumpida.

Estadio preparado para albergar partidos del Mundial de fútbol 2026
Foto: Waseem Lazkani / Pexels

El mayor torneo de fútbol de la historia está a punto de arrancar

La Copa del Mundo de la FIFA de 2026 marca un antes y un después en la historia del fútbol internacional. Por primera vez desde que la competición fue creada, el número de selecciones participantes asciende a 48, frente a las 32 que disputaron todos los mundiales desde Francia 1998. Esto convierte la edición de 2026 en el campeonato más inclusivo y ambicioso jamás organizado, con cinco semanas de partidos distribuidos entre tres países anfitriones: Estados Unidos, Canadá y México. El alcance geográfico, deportivo y comercial de este torneo no tiene precedentes, y sus implicaciones se extienden mucho más allá del rectángulo de juego.

La decisión de ampliar el torneo y de asignarlo a una sede triple fue tomada por la FIFA hace varios años, con el objetivo declarado de acercar el fútbol a nuevas audiencias, especialmente en Norteamérica, un mercado de enorme potencial que alberga a cientos de millones de aficionados potenciales. La apuesta es arriesgada en lo logístico, pero estratégicamente calculada al milímetro.

De 32 a 48: por qué la FIFA amplió el formato

El salto de 32 a 48 selecciones no fue una decisión improvisada. La FIFA, bajo la presidencia de Gianni Infantino, impulsó esta reforma con el argumento de que permitiría a más confederaciones tener representación real en la fase final del torneo. Históricamente, continentes como África, Asia y la CONCACAF —la confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe— contaban con una representación limitada en relación con su peso poblacional y el crecimiento del fútbol en sus territorios.

Con el nuevo formato, las plazas disponibles se redistribuyen de forma más equitativa:

  • UEFA (Europa): pasa de 13 a 16 plazas.
  • CAF (África): de 5 a 9 o 10 plazas.
  • AFC (Asia): de 4-5 a 8 plazas.
  • CONMEBOL (Sudamérica): de 4-5 a 6 plazas.
  • CONCACAF: de 3-4 a 6 plazas.
  • OFC (Oceanía): mantiene o incrementa ligeramente su presencia.

Esta redistribución es especialmente significativa para el contexto del torneo: al celebrarse en suelo norteamericano, la presencia de más selecciones de la CONCACAF garantiza partidos emocionantes para el público local, que podrá ver a sus equipos nacionales competir en casa.

El nuevo formato también introduce una fase de grupos diferente. En lugar de los tradicionales grupos de cuatro equipos, el torneo de 2026 contará con 12 grupos de cuatro selecciones, de los cuales avanzan los dos primeros clasificados de cada grupo más los ocho mejores terceros. Esto genera una ronda de 32 equipos antes de los octavos de final convencionales, añadiendo una fase adicional que alarga el campeonato pero que también asegura más partidos y más ingresos.

Tres países, una sola Copa del Mundo

La sede compartida entre Estados Unidos, Canadá y México tiene una carga simbólica y práctica enorme. México fue el primer país que postuló para ser sede en solitario, pero la candidatura tripartita terminó siendo la propuesta ganadora ante la FIFA. Es también la primera vez que México alberga una Copa del Mundo por tercera vez —habiendo organizado las de 1970 y 1986—, lo que le convierte en el país con más mundiales en su territorio de toda la historia.

Estados Unidos, por su parte, ya organizó el torneo en 1994, edición que batió records de asistencia que perduran hasta hoy, con una media superior a los 68.000 espectadores por partido. Aquel torneo fue crucial para el desarrollo del fútbol estadounidense y sentó las bases para la creación de la Major League Soccer (MLS). Tres décadas después, la MLS es una liga consolidada con franquicias en las principales ciudades del país y con una afición creciente, lo que augura un ambiente excepcional en los estadios.

Canadá, el país anfitrión más novel de los tres, vivirá su primera Copa del Mundo como sede, aunque la selección canadiense también participará como equipo clasificado, lo que añade una capa emocional especial para los aficionados locales. Toronto, Vancouver y otras ciudades canadienses acogerán encuentros que podrían incluir partidos de la selección del país, generando un entusiasmo sin precedentes.

La distribución geográfica de las sedes implica que los equipos y los aficionados deberán desplazarse a lo largo de miles de kilómetros entre partidos. Las ciudades sede incluyen lugares tan dispares como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey en México; Nueva York, Los Ángeles, Dallas, San Francisco, Boston, Atlanta, Seattle, Kansas City, Miami y Filadelfia en Estados Unidos; además de Toronto y Vancouver en Canadá. La logística de transporte, alojamiento y organización es un desafío monumental que la FIFA y los comités organizadores llevan años preparando.

Las selecciones favoritas y el equilibrio continental

Con 48 equipos en liza, el abanico de candidatos al título se amplía, aunque los favoritos tradicionales siguen siendo los mismos nombres de siempre. Brasil, Argentina —vigente campeona del mundo tras su título en Catar 2022—, Francia, España, Alemania e Inglaterra parten como los grandes candidatos según los analistas y las casas de apuestas.

Argentina llega como defensora del título, con Lionel Messi en el ocaso de su carrera pero aún con capacidad de marcar la diferencia. La incógnita es si el astro rosarino estará en condiciones de participar en un torneo que se celebrará cuando tenga casi 39 años. Su eventual presencia o ausencia será uno de los grandes temas de conversación durante la preparación del campeonato.

Por parte europea, Francia cuenta con una generación excepcional liderada por Kylian Mbappé, mientras que España busca confirmar el resurgimiento que protagonizó con su título en la Eurocopa 2024. Alemania, en proceso de reconstrucción, aspira a recuperar el protagonismo perdido en los últimos ciclos, y Brasil, la selección más laureada de la historia con cinco títulos mundiales, buscará terminar con la sequía que le persigue desde su último campeonato en 2002.

Entre las sorpresas potenciales, los equipos africanos y asiáticos que se benefician de las nuevas plazas podrían protagonizar eliminaciones memorables en las fases iniciales, como ya ocurrió con Marruecos en Catar 2022, cuando los marroquíes llegaron hasta las semifinales en una actuación histórica.

El impacto económico y el peso del mercado norteamericano

Más allá de lo puramente deportivo, el Mundial 2026 es un acontecimiento de dimensiones económicas colosales. Norteamérica es el mayor mercado de entretenimiento deportivo del mundo, y la FIFA tiene puestas enormes expectativas en los ingresos que generará este torneo. Se estima que los derechos televisivos, el patrocinio corporativo, el merchandising y el turismo deportivo moverán decenas de miles de millones de dólares durante los meses previos y las semanas del campeonato.

La audiencia potencial en Estados Unidos es especialmente relevante. El fútbol ha crecido exponencialmente entre la población hispana del país, que supera los 60 millones de personas, pero también entre la población general, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Las cadenas de televisión que han adquirido los derechos de emisión esperan audiencias récord en el mercado norteamericano, algo que habría sido impensable hace apenas veinte años.

Para México, ser sede de un Mundial por tercera vez tiene también un enorme valor simbólico y económico. Las ciudades mexicanas que acogerán partidos esperan millones de visitantes extranjeros, lo que representa un impulso significativo para la industria hotelera, la restauración y el comercio local. El gobierno mexicano ha invertido en infraestructuras y en la renovación de estadios para estar a la altura de las exigencias de la FIFA.

El debate sobre la calidad deportiva con más equipos

No todo son parabienes respecto al nuevo formato. Desde los sectores más puristas del fútbol, la ampliación a 48 selecciones ha generado críticas consistentes. El argumento principal es que la calidad media de los partidos se resiente cuando equipos de menor nivel técnico acceden a la fase final del torneo más importante del mundo. Con 32 selecciones, la mayoría de los partidos en la fase de grupos ya eran altamente competitivos; con 48, se teme que haya encuentros de escaso interés deportivo en las primeras rondas.

Otros críticos señalan que la extensión del torneo a cinco semanas supone una carga excesiva para los jugadores, que en muchos casos llegan al Mundial tras una temporada de club agotadora. El riesgo de lesiones aumenta, y la calidad del juego puede verse comprometida en los partidos más avanzados del torneo, precisamente cuando el nivel debería ser más elevado.

La FIFA ha respondido a estas críticas argumentando que el nuevo formato, con grupos de cuatro equipos donde solo eliminan directamente los que quedan últimos, incentiva el juego desde el primer minuto y reduce los partidos sin interés en las últimas jornadas de grupo. Además, la organización defiende que la diversidad de selecciones enriquece el torneo al traer estilos de juego diferentes y al dar visibilidad a futbolistas de países que raramente aparecen en los grandes escenarios internacionales.

El legado que busca dejar el torneo en Norteamérica

Más allá de la competición en sí, el Mundial 2026 tiene el potencial de transformar de manera duradera el ecosistema del fútbol en Norteamérica. El precedente de 1994 es revelador: aquel torneo dejó una MLS que hoy es una realidad consolidada, y una generación de niños que crecieron viendo fútbol en televisión y que hoy forman la columna vertebral de la afición estadounidense.

El reto para 2026 es dar el siguiente paso: consolidar el fútbol como uno de los deportes de referencia en un mercado dominado por el fútbol americano, el béisbol, el baloncesto y el hockey sobre hielo. Si el torneo logra conectar emocionalmente con el público local, especialmente con las nuevas generaciones, el impacto podría ser transformador no solo para la MLS, sino para la cultura deportiva del continente.

Canadá, que vivirá su primera experiencia como sede mundialista, tiene una oportunidad única de afianzar el fútbol como deporte nacional en un país donde el hockey ha dominado históricamente el imaginario deportivo colectivo. La clasificación de la selección canadiense para el torneo —algo que hubiera parecido imposible hace dos décadas— es ya en sí misma un símbolo del progreso del fútbol en el país.

Cinco semanas que pueden cambiar el fútbol mundial

El Mundial 2026 no es solo el torneo más grande de la historia en términos numéricos. Es un experimento en tiempo real sobre cómo puede evolucionar el fútbol global en términos de inclusión, negocio y espectáculo. La decisión de ampliar a 48 selecciones y de organizar el evento en tres países simultáneamente responde a una visión del fútbol como fenómeno verdaderamente planetario, donde la popularidad del deporte en regiones emergentes debe tener reflejo en la máxima competición.

Si el experimento funciona —si los estadios se llenan, si los partidos capturan la imaginación del público y si las televisiones registran audiencias récord—, es probable que este formato se consolide para las ediciones futuras y que la FIFA considere incluso nuevas ampliaciones. Si, por el contrario, la calidad deportiva decepciona o la logística de la sede triple genera problemas significativos, el modelo será cuestionado.

Lo que parece innegable es que las cinco semanas del verano de 2026 concentrarán la atención del mundo entero como pocos eventos son capaces de hacerlo. El fútbol, el deporte más popular del planeta, tendrá su mayor escenario hasta la fecha. Y Norteamérica, por primera vez en treinta años, volverá a ser el centro del universo futbolístico.

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